Como todos suponíamos que iba a ser. Oakmont fue la gran protagonista de estas primeras dos rondas y, dependiendo de cuánta agua caiga el viernes por la noche, podremos ver más de lo mismo el fin de semana. Una cancha que no da respiro, en la que no podés distraerte un instante, donde fallar un fairway puede ser sinónimo de desastre y en la que nadie se ha ido sin hacer un green de tres putts. No importa dónde estén las banderas ni si acortan un poco los tees de salida. Oakmont es una tortura de principio a fin, y solo basta un dato para dimensionarlo: aquí se han jugado 9 US Open y solo 27 jugadores han logrado terminar bajo par en toda la historia.
El jueves fuimos testigos de algo raro: un jugador completó los 18 hoyos sin bogeys. JJ Spaun, quien perdiera el Players en desempate con McIlroy, hizo 66 golpes y se adueñó de la punta. Pegó muy bien, jugó el putter como los dioses y embocó dos veces desde afuera durante la ronda. En algún momento de la tarde, Sungjae Im llegó a -5, pero enseguida devolvió y terminó con 68. También fue el turno del número 1 del mundo, y Scheffler sufrió. Abrió con un birdie rápido y todos pensamos que se venía otra exhibición. Error. Scheffler fue un mortal más que luchó contra Oakmont y terminó perdiendo la batalla. El viernes no fue muy diferente y batalló para cerrar con 144, a siete del líder.
Sam Burns, que perdió el playoff del Canadian Open la semana pasada, llegó con confianza. En dos rondas lleva 11 birdies, seis de ellos el viernes, cuando saltó a la punta con una tarjeta de 65 golpes. Es uno de los muy buenos jugadores jóvenes del tour y ya es múltiple ganador en el circuito. No me sorprendería si termina levantando el trofeo.
Estamos a mitad de camino en la edición 125 del US Open, y será la naturaleza la que termine dictando el score ganador. El jueves cerramos el día con 10 jugadores bajo par y el viernes quedaron solo 3. ¿Habrá alguno en números rojos el domingo por la tarde?
