01. JUEGO CRUEL

Probablemente sintieron la misma tristeza que sentí yo al ver el final del Travelers Championship. No porque sea fanático de Fleetwood, sino porque no me gusta ver un final en el que el que pierde es el que todos sabíamos que iba a perder. No me gusta ver a un padre esperando en el green del 18 para presenciar lo que le tocó ver al papá de Tommy Fleetwood.
Todos sabemos que este juego puede ser muy ingrato, pero a veces parece directamente cruel.

Todo estaba listo el domingo para un gran espectáculo. La amenaza de tormentas obligó a que se jugara en grupos de tres por ambos tees, lo que puso en la última salida a los tres candidatos al título: Russell Henley (sin mucho brillo desde su victoria en Bay Hill), Keegan Bradley (campeón aquí hace dos años y favorito del público), y Tommy Fleetwood, que salía con tres de ventaja en busca de su primer triunfo en 159 participaciones en el PGA Tour.

Todos teníamos nuestras dudas con Fleetwood, porque ya había dejado escapar otros torneos, y rápidamente se notó que los nervios lo dominaban. El sábado había acertado 14 fairways; el domingo no paraba de tirarla al rough. Tres bogeys en los primeros cuatro hoyos indicaban que el final estaba abierto.

Sopló más el domingo, lo que impidió scores muy bajos desde atrás. Todo quedó circunscripto al grupo final. Jason Day amagó con prenderse, pero nunca igualó la punta. Quedaban nueve hoyos, y el torneo estaba empatado. Fleetwood empezó a jugar mejor, mientras sus compañeros cometían errores. Llegó al tee del 16 con ventaja, pero pegó un palo de más en el par 3 y no se salvó desde atrás del green.

En el 17, la ansiedad por el agua a la derecha lo llevó al búnker. Desde allí mostró su clase con un gran segundo golpe. Falló el primer putt, embocó el segundo y llegó al 18 con un golpe de ventaja sobre Bradley y dos sobre Henley.

Bradley partió el fairway. Fleetwood hizo lo mismo. Henley se fue al rough y no pudo alcanzar el green. El inglés, dudoso, tenía el hierro 9, pero en el último momento cambió por el wedge. Eran 148 yardas, y parecía poco para pasar el búnker. La pelota apenas entró al green: 13 metros para birdie.

Bradley aprovechó la oportunidad y dejó su segundo golpe a un metro setenta. Todo parecía entre ellos dos, hasta que Henley embocó un putt imposible y se puso -14. Fleetwood dejó muy corto su primer putt, casi dos metros, y con la misma línea que Bradley. Jugó primero el inglés… y falló. Bradley no dudó y se quedó con un torneo que adora, aunque no esperaba ganarlo.

Es un juego muy cruel. A veces, demasiado.

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