Todo estaba listo para que Rory McIlroy ganara su título número 30 en el PGA Tour y llegara como máximo favorito al Open, esta semana, en su casa. Líder al comenzar la ronda final, empatado con el poco conocido Chris Gotterup, McIlroy era la elección lógica si uno buscaba un ganador en el Scottish Open. Pero esto es golf, y en este deporte nada ni nadie tiene nada asegurado.
Gotterup abrió con el bogey lógico de alguien no muy acostumbrado a estar en esa posición, menos aún jugando junto a una figura como McIlroy. Pero los nervios se calmaron rápido con el birdie en el hoyo 3. McIlroy jugó muy mal ese par 5: llevó la pelota todos los golpes por el rough de la izquierda, hasta terminar anotando un bogey que lo sacó de la punta. También se recuperó, y ambos firmaron 33 golpes en los primeros nueve hoyos. Sin embargo, no hubo más birdies en la ronda para el norirlandés.
Gotterup, por su parte, bajó los hoyos 11 y 12 para sacar una pequeña ventaja sobre Rory y el resto, que no iba a desaparecer. Aparecieron algunas dudas con el bogey en el difícil par 4 del 15, pero el alivio llegó rápido con el birdie en el par 5 siguiente. Un par de pares más tarde, Gotterup se convertía en el inesperado campeón del Scottish Open, logrando además uno de los últimos lugares disponibles para el Open, donde hará su debut en los majors.
Dos veces lideró tras 54 hoyos en su carrera profesional, y en ambas terminó levantando el trofeo. La anterior había sido en Myrtle Beach, en un torneo opuesto a uno de los de elite, con un field más flojo. Esta vez se presentó en la alta sociedad… y terminó derrotando a uno de los mejores del mundo.