Hay finales en los majors que quedan en el recuerdo por mucho tiempo. El domingo, en Houston, el primer major del año de la LPGA será uno de esos que no olvidaremos. Verlo por televisión fue como una de esas películas —no diría de terror, pero sí de alto suspenso—. En nuestra editorial nos encargaremos más a fondo de este Chevron Championship, pero aquí van los hechos.
La tailandesa Ariya Jutanugarn llegó al par 5 final necesitando solo un par para poner -8 en el tablero, cifra que difícilmente sería igualada, ya que las líderes de la tercera ronda ya habían quedado lejos. Golpe de salida al fairway, un híbrido para pasar el agua, y pegarle a las tribunas detrás del green le aseguraban el par. Eso fue exactamente lo que hizo la líder, asegurándose de tirar un palo de más. La pelota pegó en las tribunas y rebotó, quedando en el rough, y ahí empezó el increíble desenlace.
Si no lo vieron, búsquenlo en YouTube, porque con el tercer golpe casi le erra a la pelota, que se movió, como mucho, 5 cm. Arrimó mal con el cuarto, falló para par y se sentó a esperar. Mejor dicho, se fue al chipping green para borrar la mala sensación de la casi aérea que había hecho. La china Yin logró el birdie para llegar a -7, lo mismo que H.J. Kim. En el grupo final estaban la local Duncan y la japonesa Saigo, necesitando ambas un birdie para sumarse al play-off. Las dos embocaron putts de 3 metros y las cinco jugadoras volvieron al tee del par 5 final.
Duncan fue la primera en quedar fuera de la conversación cuando su approach casi termina en el agua. La ventaja la tenía Yin, que con un segundo golpe espectacular se dejó un putt para águila de menos de 5 metros. Las otras tres fallaron el green, aunque todas tenían chance de birdie, con Saigo a solo un metro. Yin fue decidida a embocar para ganar, pero su agresividad le costó caro: pasó la pelota casi dos metros y falló el putt de regreso. Al final, todas fallaron y la novata Saigo sacó ventaja de su buen approach y se quedó con la victoria.