El gran salto de calidad en 2025 lo dio, para mí, J.J. Spaun. El californiano comenzó el año en el puesto 119 del ranking mundial y hoy ocupa el sexto lugar. Tuvo su primer destello en Hawái cuando quedó a un golpe del playoff, fue segundo en el Cognizant, pero su primer gran golpe lo dio cuando estuvo a punto de quedarse con el Players. En un domingo lluvioso en Ponte Vedra, Spaun tuvo el putt para ganar en el hoyo 72 y su pelota se detuvo a pocos centímetros del hoyo. El desempate con McIlroy fue al día siguiente y el 17 le costó carísimo.
Quien pensó que lo del Players había sido solo una casualidad se equivocó. Semanas más tarde llegó a la ronda final del US Open a un golpe de Sam Burns, en otro domingo lluvioso, pero esta vez en Oakmont. Los 40 golpes que anotó en la ida —el primero desde Francis Ouimet en 1913 en hacer ese score en la ida del día final y terminar ganando— no le auguraban un domingo feliz, pero Spaun recuperó su juego en el regreso y, luego de la suspensión, volvió decidido a ganar el campeonato. Sus propios aciertos —el birdie del 17 fue una perfección— y los errores de sus contrarios lo dejaron con uno de ventaja llegando al temible 18. Bajo la lluvia, Spaun acertó el green, pero se dejó un putt de 64 pies. Necesitaba dos putts y el título era suyo, pero hizo lo impensado: embocó para desatar un festejo alocado.
Sin dudas, la revelación de 2025 y un jugador que se afianzó en los primeros lugares del Tour.
