No recuerdo un Masters como este. Me refiero al sube y baja que vivimos durante los 18 hoyos, y ya de entrada nos dimos cuenta de que no iba a ser un domingo muy normal. El doble bogey de McIlroy en ese primer capítulo mostró los nervios del norirlandés y la presión que significaba llegar como líder al domingo. Para colmo, DeChambeau bajó el 2 y quedó puntero, pero al tee del 5 McIlroy llevaba tres de ventaja. Dos birdies de Rory contra dos greens de tres putts de Bryson habían dado vuelta otra vez el tablero.
Se estabilizó el barco por algunos hoyos y todo pareció encaminarse cuando McIlroy logró otros dos birdies en el 9 y 10. Su rival fue al agua en el 11 y ya pareció tranquilizarse, a pesar de irse con bogey en el par 4. Solo necesitaba no equivocarse en el 12 y pegó el golpe perfecto. Par allí, madera 3 en el 13, tiro «a buena», como dicen los libros, y para ese momento llevaba una cómoda ventaja.
Lo inesperado sucedió: desde 70 yardas la dejó en el arroyo frente al green del 13. Otro doble, al que sumó un bogey más en el 14. Ahora perseguía a Rose por uno, porque el inglés había prendido el turbo y estaba -11 al tee del 17.
Rory volvió a hacer de Rory y pegó dos golpes fabulosos en el 15. No embocó para águila, pero cuando Rose subió el 17 (tardó mucho en ejecutar el putt para par), la ventaja era de un golpe. Rose logró un gran birdie en el 18, pero McIlroy la dejó casi dada en el 17 y solo necesitaba par en el último para ganar. Pegó un perfecto golpe de salida y le quedaron solo 125 yardas. Cosa juzgada era el Masters, pero falló el green y falló también el putt para par de metro y medio.
Había playoff y volvieron al 18, donde ambos pegaron bien desde el tee. Rose fue el primero en tirar al green. Un gran approach del inglés puso presión en Rory, pero esta vez respondió con un wedge perfecto, otra vez desde 125 yardas, y cuando Rose falló el birdie, todo quedó servido. Embocó, y toda la emoción acumulada por años quedó reflejada en la cara del norirlandés, que explotó en llanto y quedó de rodillas sobre el green del 18.
Un Masters como no recuerdo, un ganador que todos esperábamos y un final que nos mantuvo a todos en el borde del sillón.
