Cuando las personas o los eventos no necesitan apellido es porque estamos frente a algo muy especial. Tiger, Annika, Masters, Wimbledon… The Open entra en esa misma categoría.
Hace 165 años, un grupo de golfistas se reunió para decidir quién era el mejor. Lo hicieron en la costa oeste de Escocia, más precisamente en Prestwick, y allí Willie Park resultó vencedor luego de tres rondas en una cancha de 12 hoyos. Las guerras, pandemias y hasta algunos años sin presupuesto para cubrir el premio hicieron que el campeonato sufriera interrupciones, pero jamás perdió su jerarquía. Es el certamen más antiguo que aún se disputa, el preferido por todos los jugadores nacidos fuera de Estados Unidos y el único major que cambia de sede cada año dentro del Reino Unido.
Este año, The Open vuelve a Irlanda del Norte, más precisamente a Royal Portrush, donde hace seis años Shane Lowry desató la locura de toda una isla al quedarse con el Claret Jug. Todos los campeones del Open lo festejan en grande, pero nadie lo hizo como Lowry. Su sonrisa caminando por el fairway del hoyo final es una imagen imborrable, y en los pubs la fiesta duró varios días, sobre todo en su pueblo natal.
El Open no volvía a Portrush desde mediados de los años 50. Los problemas políticos en Irlanda del Norte fueron durante décadas un impedimento para eventos de esta magnitud. La falta de infraestructura de la ciudad tampoco ayudaba, y algunos detalles del diseño de la cancha conspiraban contra su regreso. Todo eso cambió. Martin Ebert, responsable de la R&A para rediseñar las sedes del Open, modificó el recorrido: eliminó los últimos dos hoyos originales y construyó dos nuevos —el par 5 del 7 y el par 4 del 8—, lo que elevó a Dunluce (así se llama la cancha, en honor al castillo cercano al hoyo 4) a un nivel superlativo.
La primera vez que jugué Dunluce fue una grata sorpresa: cada hoyo me parecía mejor que el anterior. Toda la ida es espectacular. Del 11 al 13 los hoyos no me parecieron tan brillantes, pero desde el 14 hasta el 18, el cierre es excelente. Siempre es difícil elegir hoyos favoritos, pero quizás el corto par 4 del 5 sobresale por su vista al mar. El hoyo 4 es muy bueno, y el 7 te hace sentir que estás jugando en la luna. En la vuelta, no tengo dudas: mi favorito es el 16. No suelo ser fan de los pares 3 en subida, pero este es sensacional. Si hay viento en contra, puede volverse una pesadilla… y eso también significa que los hoyos 17 y 18 estarán en contra.
Más allá de la cancha, todo lo que sucede alrededor del Open tiene un sabor especial. El pueblo se transforma en una fiesta durante toda la semana; hablás de golf con el del supermercado o el de la farmacia (todos son expertos); el público es probablemente el más instruido del mundo en materia golfística, y los británicos le imprimen un toque de tradición que ningún otro torneo tiene. El Masters tiene más glamour, pero The Open tiene la mística única de los links.
Semana de The Open. Semana de Royal Portrush. Última oportunidad del año para alcanzar la gloria. Champion Golfer of the Year…