Todos dicen que la segunda victoria se disfruta mucho más que la primera, y comparto plenamente ese concepto. La primera vez es pura locura: casi no hay tiempo para disfrutar el triunfo. A eso se le suma que el deseo por ganar es tan grande, que el jugador no termina de valorar lo que acaba de lograr. Cuando pasa el tiempo y ese segundo triunfo no llega, empezás a darle verdadero valor a aquella primera victoria. Y cuando finalmente se gana por segunda vez, la paz interior que se genera es enorme, y la alegría aparece desde otro lugar.
Kurt Kitayama ganó en Bay Hill hace un par de años y, desde entonces, no había vuelto a tener grandes actuaciones, más allá de haber peleado algún que otro torneo del tour. El sábado en Minneapolis se despachó con una ronda de 60 golpes y tomó la delantera en el 3M Open. Los nervios iban a aparecer, pero no se notaron en Kitayama, que jugó los primeros 9 hoyos del domingo en 29 golpes —había hecho 28 el sábado— y se afirmó en la punta.
El TPC Twin Cities es una cancha que ofrece muchas chances de birdie, por lo que ninguna ventaja es definitiva, pero Kitayama supo mantener la calma luego del bogey del 11. Un par de birdies en el 12 y 14 —este último con un golpe excepcional desde un bunker en el fairway— terminaron de darle la ventaja necesaria para poder encarar los hoyos finales con cierta tranquilidad.
La segunda victoria se disfruta más, y esta, para Kitayama, tuvo un condimento especial: pudo lograrla con su hermano llevándole los palos, lo cual fue una alegría extra.