¿Hasta cuándo?

Terminaron los majors y la pregunta quedó flotando en el aire. La misma que nos hacemos todos es la misma que se hacen los jugadores: ¿hasta cuándo veremos este dominio de Scottie Scheffler?

Rory McIlroy tuvo un comienzo de año arrollador, ganando tres veces, incluyendo el Players y el Masters, pero fue el propio norirlandés quien se encargó de aclarar algo: “Lo hice cuando Scottie no estaba al 100 %”. No fue el único en deshacerse en elogios hacia el N°1 del mundo. “Lo que ha hecho en los últimos años es lo que todos queremos hacer: ganar y seguir ganando. Es digno de admiración”, dijo Jon Rahm cuando le preguntaron por él.

Cuando Tiger llegó al Tour y se instaló como el jugador más dominante de la historia, todos pensamos que jamás volveríamos a ver algo similar. Pero solo algunos años más tarde nos entusiasmamos con un jovencito llegado de Irlanda del Norte. Rory McIlroy hizo su aparición en un momento en el que los escándalos mediáticos y las lesiones empezaban a complicar la carrera de Tiger Woods. McIlroy ganó el US Open por 8 golpes en 2011, logró su primer PGA Championship en Kiawah Island también por 8 golpes, y en el verano de 2014 arrasó ganando el Open, el WGC-Bridgestone y, por último, el PGA Championship en Valhalla.

El chico era —lo sigue siendo— un superdotado, pero fue víctima, me parece, de su propio talento. Llegó a dominar el golf mundial pegando su draw natural (nadie pega un draw como Rory, dijo Geoff Ogilvy alguna vez), pero decidió que necesitaba aprender a pegar con fade. ¿Si Augusta era su obsesión e intentó ese cambio para ganar el Masters? No lo sé. Quizás lo hizo para ser todavía un mejor jugador, lo cual resulta extraño, porque ya era el mejor del mundo. La realidad es que McIlroy no volvió a ganar un major hasta esta temporada, once años después de aquel triunfo en la noche de Valhalla.

Así llegamos a lo que nos ocupa ahora. Scottie Scheffler parece hoy imbatible, y nada ni nadie da la impresión de poder frenarlo. Si un policía malhumorado en Kentucky o cocinar ravioles en Nochebuena son los únicos rivales de Scheffler, el resto está en problemas. Y aquí viene la gran pregunta que nos hacíamos al principio: ¿hasta cuándo?

Los números de Scheffler son mejores que los de McIlroy en aquel período 2011–2014. Su personalidad es distinta. Tiene una familia que lo contiene, mientras que por aquellos días las idas y venidas con Caroline Wozniacki tenían a McIlroy disperso. Me da la impresión también de que, hoy, con el LIV llevándose algunos nombres importantes, el camino se le ha despejado un poco más a Scheffler. Es cierto que en los majors están todos, pero siempre hemos dicho que los jugadores del LIV llegan a los grandes campeonatos sin el mismo nivel de competencia que hay en el Tour. DeChambeau es el único en las últimas dos temporadas que ha demostrado estar a la altura, con algunos destellos de Rahm. En todo caso, no es nada que le reste mérito a lo que Scheffler está haciendo.

Todo esto hace pensar que podríamos tener Scottie Scheffler para rato. A los 28 años ya tiene 4 majors en su vitrina de trofeos. Todos estaremos pendientes de lo que suceda en Shinnecock Hills el año próximo. Allí, en Long Island, tendrá la chance de ganar por primera vez el US Open y completar el Grand Slam. La presión llegará de todos lados apenas comience la temporada 2026. Veremos cómo responde, porque me resulta fascinante ver hasta dónde puede llegar este fenómeno.

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