Caminaba por los fairways del 11 y 12 del Córdoba Golf Club durante la ronda final del Abierto del Centro y charlaba con Ángel Cabrera.
“Ya no puedo jugar con estos chicos, me sacan muchas yardas”, era el comentario del cordobés, que esa misma noche viajaba a Estados Unidos para participar de un torneo del Champions Tour y luego regresaría a Augusta después de 6 años.
“No sé cuántas veces más voy a jugar el Masters. La cancha ya está muy larga para mí y los 4 días se me hacen muy largos”, fue otro de sus comentarios.
En ese momento, Cabrera tenía un status condicional en el circuito de los mayores de 50, y en el torneo de Boca Ratón estaba primer suplente. “Seguro que juego, porque a nuestra edad siempre alguno se baja”, dijo palabras más, palabras menos. Así fue.
No solo entró al torneo sino que terminó venciendo a K.J. Choi en un vibrante duelo que cerró con dos golpes “a lo Cabrera”. Viento en contra, par 4 final: el golpe de salida jamás se movió del centro del fairway. Si ese tiro fue bueno, el hierro 5 de segundo salió al hoyo y tampoco se movió de la bandera.
La tan ansiada victoria había llegado y la confianza para lo que venía estaba por las nubes. Augusta confirmó lo que él mismo me había dicho, pero luego de una semana de descanso se quedó con el Regions Tradition, uno de los majors del circuito, venciendo a Jerry Kelly con un fantástico birdie en el 18. Solo 7 días más tarde, en la histórica cancha de Congressional, ganó el Sr. PGA Championship, el major más viejo del circuito, y su víctima esta vez fue Padraig Harrington.
No volvió a ganar desde ese momento —su putter, que había estado muy preciso, se enfrió—, pero las tres victorias marcaban varias cosas:
- que ya era jugador con status full en el circuito;
- que el final del año lo encontró en el 10.º lugar de la Charles Schwab Cup;
- pero lo más importante: había vuelto a ser Ángel Cabrera.
No vale la pena recordar todo por lo que pasó el cordobés, pero sí destacar lo que ha hecho esta temporada. Fue muy gratificante volver a verlo sonreír al levantar un trofeo y ser protagonista cada semana que jugaba. No puedo imaginar la satisfacción que él debe sentir.
